Fatbulosos

Fat shaming en la calle: ¿cómo hacerle frente?


“Tenía 13 años, iba cruzando la calle y veo que el semáforo estaba en rojo para el tránsito por lo que me daba tiempo de cruzar. Cuando el conductor ve que estoy caminando por la calle, acelera con la sola intención de gritarme: ‘dale gorrrrdaaa’. En el momento me paralicé, la gente que estaba alrededor me miraba, me juzgaba a mí, no a la persona que me gritó con misoginia y discrimen. Sólo aceleré el paso y llegué al otro lado avergonzada y con ganas de llorar.” 

“Caminando al trabajo, paré en una esquina a mirar la hora. Un grupo de chicos, de no más de 25 años, me mira y hacen gestos de que estoy gorda, riéndose e inflando los cachetes, otros haciendo la nariz como un cerdo. Mi respuesta fue simplemente mostrarles el dedo. Pero no pude concentrarme para continuar con mi día sin que ello me molestara, y la idea de que podría haberles gritado algo ingenioso.”

“Iba por la calle y se acerca un hombre con un niño en bicicleta, cuando pasan por al lado mío, el hombre le dice al niño que me diga gorda. El chico me mira y me grita: gorda fea. Me quedé en shock y no supe que contestar. Sentí que volvía a tener 10 años y que todos mis complejos volvían a mí.”


¿Cuál es la motivación que lleva a los hombres a insultar a los gordos en la calle?

Uno de los motivos más característicos de los hombres que le gritan cosas a las personas en la calle resaltando el aspecto físico, es su necesidad de sentirse superiores, controlar la situacióny demostrar que no están de acuerdo con lo que ven.

Estas personas son intolerantes a las diferencias y carecen de empatía. Un individuo que no tolera las diferencias siente que su verdad es definitiva, suele estar lleno de odio y prejuicios, y presenta comportamientos machistas y racistas. Además, este tipo de hombres no tienen empatía, no pueden ponerse en el lugar del otro. Si pudieran hacerlo, si supieran o entendieran lo que sienten los demás cuando son avergonzados en público o privado, no lo harían. 


¿Cómo responder?

La mayoría de nosotros nos paralizamos, nos sentimos en shock, nos congelamos ante un comentario de esta índole, en especial si es en público y nadie parece defendernos.

Los psicólogos especializados en bullying, body shaming y hostigamiento, y sus consecuencias para nuestra autoestima, sugieren que no se responda con ira o tristeza, que no demostremos fragilidad, ya que esto provoca en la otra persona un sentimiento de logro.


Lo cierto es que no debemos ser víctimas. Digamos basta, digamos hasta aquí. Digamos que estamos hartos. 

Aunque es difícil, si se puede ser fuerte ante las palabras ofensivas, pero como siempre les digo, primero tenemos que sentir amor por nosotros mismos, para que ellas no nos hieran, convertirlas en palabras que no nos definen. 

Yo no soy gorda, yo estoy gorda. Yo soy muchas cosas, mujer, profesional, inteligente, carismática, comprensiva, trabajadora… eso me define. Eso es lo que soy. La palabra gorda puede describir un estado físico que puede o no cambiar, pero la esencia de quien soy no cambia.

Cuando alguien cree que tiene el derecho de hacernos sentir menos, podemos demostrar que no lo somos. Empoderémonos. Evitemos caer en la autocrítica destructiva. 

Algunas estrategias que sugieren los expertos son:

  • Contestar con humor: para que no crean que han podido destruirnos. ¡Gorda pero bien buena! ¡Ninguna mujer es fea por donde mea! ¡Gordo, tengo este también!
  • Contestar con algo amable: ¡Gracias, me gusta tu pelo! ¡Tu ropa se ve bien! 
  • Contestar con un gesto: tirar un beso, saludar, sonreír. 


Nada de lo que nos digan habla de nosotros, sino de ellos. De lo que tienen para ofrecer al mundo. De lo que tienen en su corazón y en su mente. 

Nosotros somos demasiado fatbulosos para molestarnos por lo que sale de esas bocas.

Marianela Funes 

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